Veterano del derecho penal federal, asumió la defensa del líder venezolano tras su captura en Caracas y promete cuestionar la legalidad de la operación norteamericana
Barry J. Pollack está acostumbrado a moverse en el corazón del poder estadounidense para desafiarlo. A pocos cientos de metros de la Casa Blanca, desde su estudio jurídico en Washington, este abogado penalista de 61 años asumió uno de los casos más explosivos de su carrera: la defensa de Nicolás Maduro, el presidente venezolano capturado el sábado pasado en una operación militar relámpago de Estados Unidos en Caracas y trasladado a Nueva York.
Pollack no tardó en marcar la estrategia. Tras la detención, afirmó que prevé impugnar la legalidad del “secuestro militar” de su cliente y sostuvo que Maduro, como “jefe de un Estado soberano”, tiene derecho a los privilegios e inmunidades que conlleva ese cargo. La declaración resume el tipo de batallas jurídicas que libró durante más de tres décadas: casos sensibles, de alto perfil y con fuertes implicancias políticas e internacionales.
Graduado en Derecho en la Universidad de Georgetown en 1991, Pollack inició su carrera como secretario del juez Thomas A. Flannery en el Tribunal Federal de Distrito de Washington. Con el tiempo se consolidó como uno de los abogados defensores más respetados de la capital estadounidense, especializado en litigios penales federales complejos. Hoy integra el bufete Harris St. Laurent and Wechsler, con oficinas en Washington y Nueva York.
Su nombre ganó proyección internacional por haber representado a Julian Assange, fundador de WikiLeaks, acusado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos de violar la Ley de Espionaje por la obtención y difusión de documentos militares y diplomáticos clasificados en 2010.
En 2024, Pollack logró negociar un acuerdo inédito: Assange se declaró culpable de un único delito grave fuera del territorio continental de Estados Unidos, en las Islas Marianas del Norte, lo que permitió cerrar casi 14 años de disputas judiciales que incluyeron su encierro en la embajada de Ecuador en Londres y una prisión británica. Para muchos juristas, fue una solución creativa a un conflicto que parecía sin salida.
No fue la única vez que Pollack encontró una pequeña salida donde otros veían un muro. En el histórico caso Enron, el mayor escándalo corporativo de comienzos de siglo, representó a Michael W. Krautz, exdirector de contabilidad de la unidad de banda ancha del gigante energético. Krautz fue uno de los pocos altos ejecutivos acusados que logró la absolución, en un proceso que terminó con la condena de 22 directivos y la quiebra de la empresa. Pollack describió ese juicio como el más complicado de su carrera.
En 2007, consiguió además la liberación de Martin Tankleff, un hombre de Long Island que había pasado 17 años en prisión tras ser condenado injustamente por el asesinato de sus padres. El caso reforzó su reputación como abogado dispuesto a revisar condenas aparentemente cerradas.
No podría estar en mejores manos”
Esa trayectoria explica por qué, para algunos observadores, Maduro “no podría estar en mejores manos”. Así lo afirmó Jon May, abogado que defendió al general Manuel Noriega –capturado por fuerzas estadounidenses en 1989 y juzgado en Miami–, un antecedente que hoy vuelve a ser citado por los paralelismos con el caso venezolano. May, sin embargo, advirtió que eso no significa que Pollack “tenga los recursos necesarios” para una defensa fácil. “Seguramente tiene un abogado que lo resolverá, si es que se puede resolver”, dijo
















