En 1993, Jean-Claude Romand intentó ocultar su red de mentiras con un brutal crimen. Sin embargo, su plan falló y se destapó un caso que conmocionó a Francia y al mundo.
En enero de 1993, múltiples dotaciones de bomberos llegaron a la mansión en donde vivía la familia Romand por el humo de un incendio que se veía a varios kilómetros.
Tras apagar las llamas, los rescatistas encontraron los cuerpos de una mujer y de dos menores de edad. En otra habitación, había un hombre que aún estaba con vida junto a una carta escrita a mano: “Un pequeño accidente puede causar la injusticia y la insensatez. Lo siento”.
Poco después, las autoridades lograron identificar al sobreviviente como Jean-Claude Romand, quien estuvo en coma durante una semana porque se descubrió que había tomado un frasco entero de barbitúricos.
Mientras tanto, la investigación de la policía no solo logró demostrar que él había sido el causante del incendio -y la muerte de su familia-, sino que escondía una vida entera de mentiras.
El falso médico
Jean-Claude Romand se crió en la ciudad francesa de Lons-le-Saunier y su infancia transcurrió con normalidad. Su sueño era convertirse en médico, por lo que cuando cumplió la mayoría de edad, se inscribió en la Facultad de Medicina.
A pesar de que pasó su primer año universitario sin complicaciones, en el segundo no se presentó a un examen y jamás volvió a cursar. Este hecho le generó vergüenza hacia sí mismo, ya que ese día se había quedado dormido.
Sin embargo, lejos de decirle la verdad a su familia, fingió que iba a las clases. En ese tiempo, se quedaba en la biblioteca leyendo libros sobre medicina para poder seguir instruyéndose y sostener su mentira.
Al tiempo conoció a Florence, una mujer con la que luego se casaría y tendría a sus dos hijos, Carolina y Antoine. Ni ella ni el resto de sus seres queridos dudó de su relato, ni siquiera cuando Jean-Claude simuló su propia graduación y dijo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) le había ofrecido un trabajo como investigador en Ginebra, Suiza.
La falsa vida de Romand fue creada a base de mucho detalle, perfeccionismo y estudio. Por eso, visitó la sede de la OMS y recopiló todo tipo de información acerca de su presunto puesto en los libros a los que acudía en las bibliotecas locales.
El supuesto médico también le mentía a su familia sobre los viajes que hacía por todo el mundo, pero, para hacerlo más real, siempre se quedaba en algún hotel cercano. Al regresar, le llevaba regalos a sus hijos y les decía que eran “presentes” de parte de sus jefes.
Además de sostener las apariencias de su vida como investigador en medicina, Jean-Claude tenía que resolver la cuestión económica y para eso ideó el plan casi perfecto: estafó a sus padres, amigos y personas que conoció con la excusa de que estaba trabajando en una cura para el cáncer.
A todos, les decía que al invertir grandes cantidades de dinero podían aportar a una causa que iba a cambiar el transcurso de la humanidad. Sin embargo, afirmaba que no podía dar muchos detalles del experimento, ya que se trataba de un caso experimental y altamente confidencial.
De esta manera, logró acumular una riqueza que le permitió vivir una vida lujosa: se compró una mansión, cambiaba de auto todos los años y envió a sus hijos a las escuelas más caras. Se estima que, gracias al fraude, recaudó alrededor de un millón y medio de euros.
















