En el barrio todavía se escucha el murmullo, ese que mezcla risa, incredulidad y un poquito de vergüenza ajena. Según el parte policial, Juan Mercado, conocido por todos como “El Cejas”, de 30 años, habría intentado robarle el celular a su propio abuelo. Sí, su abuelo. Y como si la historia necesitara un toque extra de tragicomedia, el presunto ladrón habría intentado escapar con muletas.
La escena parecía sacada de una película rara a mitad de madrugada: vecinos mirando por las ventanas, el abuelo sin entender si llorar o rezongar, y el “Cejas” intentando avanzar con un ritmo lento y desacompasado. La policía, casi desconcertada, lo habría detenido a pocos metros, sin necesidad de persecución cinematográfica.
La Justicia ya tomó cartas en el asunto y se determinó imputarle la causa por hurto, quedando detenido a la espera de lo que venga. En el barrio, mientras tanto, el episodio quedó marcado como uno de esos relatos que se contarán en las mesas durante años, entre mate, pan recalentado y alguna carcajada culpable.
Porque hay delitos que se recuerdan por audaces.
Y otros, simplemente, por absurdos.
















