El conductor de Telefe noticias abrió su corazón y reveló una historia desconocida de su pasado: por qué desapareció su padre, cómo fue vivir en una pensión cuando daba sus primeros pasos en el medio, el sacrificio de su madre sola y su lucha por salir adelante.
Rodolfo Barili es uno de los conductores más exitosos de la televisión y lleva 31 años trabajando en Telefe, el canal líder de la televisión abierta argentina y el año pasado, como frutilla del postre, levantó el Martín Fierro de Oro, el premio más codiciado que entrega la industria en nuestro país. Oriundo de Rauch, en la provincia de Buenos Aires, Rodo siempre fue un apasionado por la música y la tevé, es hincha fanático de San Lorenzo y tiene una devoción especial por sus hijos Dante (22) y Benicio (19), fruto de su ex matrimonio con Andrea.

Si bien hoy brilla en un gran presente profesional como conductor del noticiero central del canal de las pelotas, detrás suyo hay una historia de muchísimo sacrificio y lucha y del abandono de su padre, que tiñó de gris su infancia. Barili brindó una extensa entrevista al periodista Nico Peralta, en la que repasó sus inicios en el medio, en su pueblo natal, y ponderó el trabajo de su mamá, Antonia.
«¿Cuándo entraste por primera vez a una radio?», consultó Peralta y Barili contó: «Un día le dije a mi tío, que era amigo de uno de los dueños de la radio de Rauch, si yo podía trabajar. El 1° de diciembre de 1988, al otro día de cumplir 16 años, comencé a trabajar en radio, a la par del colegio. Era verano y me quedaba tres o cuatro horas por días ahí adentro. Del primer momento dije: ´Guau, qué bueno que está esto´”.
«Siempre agradezco esa primera oportunidad porque ahí empecé a soñar con una carrera. Y le agradezco también a la familia Villegas porque cuando llegué a Buenos Aires, mi vieja, Antonia, era docente y nos bancaba sola a los dos hijos, con su sueldo de docente. Mi viejo no pasaba un mango, se había ido de casa y mamá me bancaba sola, con la ayuda de una asociación becaria que había en Rauch y los amigos de la familia y otras docentes que siempre tendieron una mano. Mis tíos y mis tías también», afirmó.
-Cuánto sacrificio, Rodo.
-Recuerdo que en el segundo año en Buenos Aires estaba re jodido y no tenía adónde vivir. Había vivido en una pensión y en verano me iba a hacer radio a la costa y con esa guita encaraba el año. Pero me alcanzaba para seis meses y no mucho más. A mitad de año se me re complicaba y la familia Villegas, dueña de FM Líder en Belgrano, me dijo: “Vení a vivir a la radio si querés”. Así que viví ahí, en el estudio 2 de la radio. Tenía tipo un catre y ahí era el tipo más feliz del mundo: a la mañana me iba al Iser, volvía, hacía la radio y dormía ahí mismo.
-¿Y qué tal fue vivir en la pensión?
-Bastante complejo, en el barrio de Congreso. Las noches eran jodidas en ese barrio. Por suerte no compartía habitación porque me habían puesto como en un altillo chiquitito, de tres por dos como mucho, con una mesa. No había lugar más que para dormir, sentarme y morfar. El baño era compartido. Y así y todo era feliz porque tenía un sueño, le metía esfuerzo y la gente que me rodeaba me tiraba una mano. Nunca fue un problema no tener un sope ni un mango para vivir. Estaba haciendo lo que amaba hacer.
-¿Tu papá cuándo había desaparecido?
-Mis viejos se separaron cuando era chico y mi padre desapareció durante mucho tiempo. Después, aparecía en forma esporádica. Pero todo bien. Después lo hablamos mucho y tuvimos otro contacto en otras etapas de mi vida. No me debe nada y yo tampoco.
-¿Vive?
-Sí. Supongo que hizo lo que pudo y está todo bien. No hay ni rencor ni deudas entre nosotros. Lo único que no entiendo, sobre todo desde que fui papá, fue su ausencia. Un padre pasa a poner a sus hijos como lo más importante de su vida y lo único que quiere es acompañarlos y verlos felices. Hoy que soy adulto y me desvelan mis hijos, con quienes trato de estar lo más presente posible, más me cuesta entender sus ausencias. Pero cada uno es como es y está todo bien. Soy agradecido, me dio la vida y trato de quedarme con lo bueno. Supongo que hizo lo que pudo. Uno es las circunstancias que lo han marcado. Y tal vez no sería quién soy ni sentiría lo que siento si la historia hubiera sido distinta. Por algo las cosas ocurren y hay que estar atentos cuando la cosa se pone compleja. Siempre va a haber alguien que te va a dar una mano.















