En el Gigante de Arroyito, en el que Central siempre festejó en el torneo, el equipo de Holan cayó 1-0 contra Huracán y se despidió de sus sueños de campeón.
Pablo Echavarría levantó su brazo, pitó fuerte y señaló la mitad de la cancha. Era el minuto 51 del complemento. Y cuando eso sucedió de inmediato un cerrado aplauso bajó de la popular de Regatas, de la de Génova, de la platea del río Paraná y también de la de Cordiviola. Fue el reconocimiento que los hinchas le dieron en los primeros segundos del Central eliminado del torneo Apertura ante Huracán, luego de la primera derrota en el Gigante de la temporada.
Pero claro, ese reconocimiento quedó rápidamente para la anécdota porque lo primero fue ese adiós prematuro que dolió hasta los huesos hoy en Arroyito, después de una campaña extraordinaria en la fase regular y que se extendió a la primera instancia eliminatoria. Fue el final de un campeonato que pintaba para más y que invitaba a creer.
Quedarán allá lejos y a la distancia todas esas victorias, en su mayoría categóricas, que logró en este Gigante de Arroyito que lo vio perdedor por primera vez en el torneo. Toda una paradoja.
Las distracciones que se pagan caro
Pero, se sabe, cuando se juegan instancias de este tipo, en las que una desatención tira todo por la borda, las luces deben estar encendidas el mayor tiempo posible y Central fue justamente un equipo con pocas luminarias, que buscó con un fútbol a oscuras, a contramano de esas grandes luces del recibimiento, y lo pagó con la eliminación.
El tiempo del análisis fino ya llegará y habrá tiempo de sobra, aunque hay a simple vista algunos apuntes impostergables. Central hizo un torneo enorme, siempre protagonista, con un equipo que ganó su grupo y tuvo la chance de definir todo en condición de local. Que además es hoy el primer clasificado a la Copa Libertadores. Y todo eso lo hizo con un entrenador que rápidamente impuso su sello.
















