Pese a que Milei celebra el superávit primario, los intereses de la deuda empujaron las cuentas públicas al rojo. El déficit financiero trepó un 41% interanual y expuso la fragilidad del equilibrio fiscal.
El Gobierno nacional volvió a mostrar números en rojo en julio. Si bien el superávit primario alcanzó los $1,7 billones, los fuertes pagos por intereses de la deuda llevaron al resultado financiero a un déficit de $168.515 millones, lo que implica un salto del 41% en términos reales respecto al mismo mes de 2024.
Según el Ministerio de Economía, los pagos netos de intereses sumaron $1,9 billones, un monto 247% superior al promedio mensual de febrero a junio. A esto se sumó el medio aguinaldo abonado a los trabajadores del sector público, lo que incrementó las erogaciones.
El ministro Luis “Toto” Caputo justificó la situación recordando que en enero y julio se concentran vencimientos semestrales de títulos Bonares y Globales, lo que presiona las cuentas. Sin embargo, la caída del superávit es un golpe para el presidente Javier Milei, que había convertido el equilibrio fiscal en bandera de gestión.
En paralelo, los ingresos del sector público crecieron cerca del 40% interanual, con un fuerte aporte de las retenciones (+106%), los derechos de importación (+80%) y los aportes y contribuciones a la seguridad social (+54%). No obstante, el gasto primario se expandió un 35%, con especial incidencia de las prestaciones sociales, que aumentaron más de 44% por la aplicación de la fórmula de movilidad.
Un dato llamativo es que, pese a la promesa oficial de “emisión cero”, la base monetaria creció 97% en el último año y la deuda flotante —pagos postergados— trepó a $3,8 billones en junio, más del triple que en mayo.
La fragilidad fiscal vuelve a encender alarmas en el mercado y plantea un interrogante central: ¿podrá el Gobierno sostener el equilibrio financiero en los próximos .

















